Consejos para dejar de fumar durante el embarazo

El tabaquismo es una de las adicciones que más perjudican a las mujeres durante el embarazo. Ya son muy conocidas las consecuencias que pueden derivarse de continuar con este mal hábito durante los meses de gestación, como el bajo peso en el recién nacido y otros problemas de salud que pueden afectar la correcta formación del bebé. Por ello, es importante para las futuras madres dejar de fumar tan pronto como reciban la noticia de que están embarazadas. Hay muchas maneras de lograrlo, aunque no todas contribuyen a cuidar la salud durante el embarazo. Algunas de las más conocidas, como los parches de nicotina, no son recomendables en esos meses, ya que éstos introducen la sustancia directamente en el torrente sanguíneo. Debido a ello, el producto también recibe esas dosis de nicotina, lo cual también puede afectar de manera negativa su desarrollo. Asistir a terapia puede funcionar, ya que existen grupos formados exclusivamente por mujeres que han dejado de fumar o que se encuentran en proceso de hacerlo, muchas de ellas por estar también embarazadas. El apoyo psicológico es importante para lograrlo, pues aunque la adicción al tabaco tiene un fuerte componente de dependencia física, también constituye un hábito y una dependencia mental. En ese sentido, la principal ayuda es dejar atrás la adicción por medio de la superación de las ansiedades, que es la principal causa por la que los fumadores continúan con esa práctica. Otras opciones, como la homeopatía y las flores de Bach, aunque no tan populares, han dado buenos resultados para las madres que han decidido abandonar el cigarro. Los métodos que se utilizan en ambas prácticas no perjudican la salud y no tienen un impacto negativo en la madre ni en el bebé en formación. Por otra parte, también es posible dejar el tabaco por una misma, lo cual requiere una fuerte determinación y mucha voluntad. Se puede comenzar por reducir el número de cigarros que se consumen cada día e ir modificando los hábitos de manera gradual. En gran medida, consiste en ponerse trampas para volverse más difícil la continuación del hábito, como establecer una única habitación de la casa para ello, dejar siempre en casa los cigarrillos, los cerillos y los encendedores, o darle una única calada al cigarro antes de apagarlo. Por difícil que sea esta labor, hay que mantener siempre en mente que se trata de proteger la propia salud pero, sobre todo, la salud del bebé que está por llegar.

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