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Hace 16 años se aprobaron las pastillas abortivas por la FDA en Estados Unidos, medicamentos que eran indicados para el tratamiento de la úlcera gástrica (Misoprostol) y que se demostró que podían inducir contracciones y provocar la interrupción del embarazo de forma total, sin la necesidad de un método quirúrgico para terminar de limpiar la cavidad uterina.
Al aprobarse la distribución de pastillas con fines de interrupción legal del embarazo, se esperaba que dicho método superase la demanda por el aborto quirurgico, como había ocurrido en gran parte de Europa. Esto sucedió en gran medida porque el aborto farmacológico permite a las mujeres interrumpir sus embarazos de forma discreta, en su hogar y sin la necesidad de someterse a una cirugía que, aunque es ambulatoria y segura, requiere de muchos cuidados posteriores.
Sin embargo, los opositores a la legalización del aborto han interpuesto solicitudes para la restricción del uso de las pastillas, bajo la premisa de que esto reducirá el número de abortos practicados, lo cual ha representado un problema político y de salud para los gobiernos de todo el mundo y, con el ascenso de Trump a la presidencia, el futuro será incierto para las mujeres que deseen o requieran de la interrupción del embarazo por vías legales.
A pesar de las barreras presentes en ciertos estados de EE.UU., las organizaciones sin fines de lucro como Planned Parenthood se han dedicado al apoyo para que las mujeres puedan obtener el acceso a la interrupción de sus embarazos pues han llevado las pastillas abortivas a clínicas de planificación familiar; incluso se han creado programas para el envío de dicho medicamento al domicilio de las personas que lo necesiten, con previa consulta online con un profesional y un posterior seguimiento, que garantice la salud y el bienestar femenino.
Los protocolos de prescripción de las pastillas abortivas se endurecieron en el primer trimestre de 2016 en estados como Ohio, Texas y Dakota del Norte, donde la demanda por los medicamentos se ha triplicado; sin embargo, en los estados con menores restricciones de acceso al aborto, la demanda por las pastillas ha crecido entre el 30 y el 64%, como el caso de Michigan, donde la demanda creció un 55% y Iowa con un 64%.
Por otro lado, en Hawai, Oregon y Washington se realiza un estudio financiado por Gynuity Health Projects, grupo de investigación sin fines de lucro, en asociación con clínicas de aborto y aprobado por la FDA, para el envío de pastillas abortivas al domicilio de las solicitantes.
En Estados Unidos y el mundo, el aborto es un tema políticamente delicado, para el que aún falta investigación para apoyar la distribución de medicamentos y servicios de calidad para que el aborto sea seguro, eficaz y pueda ser llevado a las personas que realmente lo necesiten.

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